Poemas de Mateo Morrison

Emoción por las islas

A Saint John Perse

Tomo tus palabras rodeadas de olas

que amanecen conmigo. Cerca de mis pies, arenas vibrantes de sol. No puedo ahora describir un viento

que cambia a cada instante de dirección.

Sólo los pájaros saben la orientación exacta de la brisa.

Ellos trasladaron

el centro del universo a estos lugares

del Caribe.

Los pájaros saldrán de los lienzos en noches de huracanes

volverán a vivir en las telas cuando llegue la calma.

Soltamos de nuevo tus palabras para instalar nuestra casa

en un círculo de arena.

Y hacer de nuestras vidas ataúdes de espumas.


La cámara me observa

La precisa, digital, neutral, sofisticada, inhumana, pero no indiferente cámara,

enciende sus lentes y me observa.

Lo sé por el silencio de su luz porque parece adivinar

mis deseos infinitos de tomar un paquete de avellanas,

para ir degustando

en todos los espacios del supermercado y llegar con las manos vacías

a la puerta de salida.

La cámara de todos modos me captará, aunque no tome

ninguna avellana de las góndolas repletas de frutas.

Lo que quizás

no puede la cámara saber son mis deseos

y no estoy tan seguro porque hace mucho tiempo ya se detecta la verdad y la mentira a través

de los sonidos del corazón.

Tomaré las avellanas porque ya de todos modos

la cámara sabe a qué he venido.


Tempestad del silencio

La tempestad que desató el silencio aún no se detiene. Residuos de sol convertidos en bosques. Seres desnutridos emitiendo sonidos que quizás se inventaron en la prehistoria de sus meditaciones. Territorios enormes poblados de animales perseguidos. Vegetales cortados y lanzados al fuego.

El odio y el amor cambiaron de lugar, pero no de intensidad.

Sobre el azar renace el vacío y una línea se aleja de su huella.

El día y la noche harán su mudanza sin ser medidos por un reloj. Al lado los perros contemplan la forma en que los huma- nos hacen el amor.

La llamada envuelta en el timbre inconfundible de tu voz me recuerda que aún la luna existe. Trato de reptar por las calles para encontrarla. Paredes inmensas me lo impiden. Entonces imagino su reflejo en tus ojos.

Nuevos obstáculos me obligan a verla a su regreso. Tendrá adherido movimientos de tus pestañas, profundidad de tu iris y un arder estrellado de pensamiento veloz. Será un astro nuevo vivificado por ti. Desde mi dolor callejero construyo una luz que también piensa. Dilatadas mis palabras en tu alfabeto nuevo y lunar.

A la distancia un instrumento que desconozco reafirma la riqueza de la música.

Lo natural se volvió artificial hace un instante. No sabemos si es mejor regalar flores o decoraciones plásticas para consumar rituales amorosos.

Llega un imán enorme que me impulsa a volver a las grutas. Ahora cercano a la planicie percibo signos que anuncian la ampliación de las ciudades. Agotado salgo junto a reptiles a ver los nuevos rostros que inventa mi extrañeza.

Quiero un río que lave mi cuerpo maloliente. Sólo encuentro páginas vacías en el instructivo que dejaron en mi pecho. Despierto junto a un lecho de gladiolos.

Como pueden observar he perdido la razón. Trato de recuperarla en este instante que aprovecho para decirles quien soy. Como debo ser breve, se me agolpan las palabras y combino los diversos lenguajes. Sé que se preguntan de dónde viene mi voz, mi rostro, mi existencia.

Salí de un cataclismo supongo. El tiempo se recuesta en mi hombro izquierdo y deja descansar mi costado derecho para que me recorran las hormigas.


De Tempestad del silencio


1

El tiempo es un anciano que descansa.

FRANCISCO BRINES

Casi libre de pensamientos

el anciano se aposenta

en el más pequeño

banco del parque.

El viento que levanta las faldas

le trae una leve sensación de bienestar.

Las horas llamearon su cuerpo.

Ahora está colocado

en esta miniatura de asiento

que le servirá de almohada.

Su cama será un conjunto de hilachas

con forma de estrella

pero sin luz.

Él, percibirá

en su extraño mundo

que la muerte merodea

como incendio voraz

su anatomía.

Vegetativamente sonríe

en una mueca

escoltada por dientes

que existieron.

A su lado la vida continúa.

Ratas multiplicadas en las aceras.

Ligeras lluvias acarician las rosas pisoteadas.

Una mariposa se pasea solitaria

y una luciérnaga

parece mantener la esperanza de que pronto

la noche cesará.

En este lugar todos avanzan veloces

para alcanzar algún espacio.

Nadie se detiene a acompañar

a este ser que lleva

el tiempo entre los huesos.


2

No es una mujer sola

es un estado transitorio

entre dos soledades.

YOLANDA PANTÍN

La anciana se desplaza en su hábitat.

Comparte su supervivencia

con insectos que van migrando

hacia lugares más propicios.

El sitio donde duerme no tiene borde.

Todavía siente las caricias

de la superficie que recoge sus pisadas.

Reza, pero su iglesia es la calzada

donde antes los muchachos fisgaban

su cuerpo.

La lascivia caía como agua de madrugada.

Se humedecieron alguna vez sus piernas

espejeando sus ropas raídas.

Humores antiguos cruzaron sus arterias.

Marismas cuajadas rondaban

por sus bronquios.

Ya ese vientre reclama cenizas.

Se zambulle en el recuerdo de unos labios

que fueron fosforescentes

y ahora no saben pronunciar el adiós.

Una manta trata de ocultar

el arribo del rocío.

Piensa que su estar en la tierra

fue demasiado fugaz.

El calor ahora pretende derretirla.

Sería bueno volver a contemplarla

antes de que se evapore su presencia.


3

La daga que construyes para herirme. El cuchillo imantado

que lanzas a mi pecho.

La tea con que incendias mis pisadas. La herida en mí

descuidado rostro.

Las abejas que entrenas para emponzoñar mi espíritu.

Las aguas infectadas del jardín que cultivas para ensañarte

en mi cuerpo derribado.

El pistoletazo que buscaste en el poema de Maiakosky

para penetrar en mi sien.

Los restos de cicuta que indagas en la historia para que

su esencia destruya mis entrañas.

Las investigaciones que avanzas para aprender y aplicarme

las torturas más sublimes de la postmodernidad.

La cámara de gas que fuiste a conocer para estudiar

la posibilidad de mi holocausto particular.

La mirada que exhibes cada mañana forzando

a refugiarme en la quietud.

¿No son suficientes para detener tus asedios a mi sombra?


4

He aquí donde están colocadas las criaturas

que van a ser estatuas.

Entes tallados sin sudores

y sin nada que circule por sus venas.

Ya están listas lejos de las ciudades donde deambulan

tantos seres anónimos que nunca serán esfinges.

Trasladen ya a los seleccionados para la gloria

y déjennos con nuestra intrascendencia,

dispuestos a morir como llegamos,

emitiendo un pequeño grito.

Arropándonos con la sábana del olvido.


5

Los ojos que insertaste en las paredes

no ven más que a las paredes mismas.

Hacia los lados emerge una luz desvanecida.

¿Es que les falta amor a esos ojos?

Un museo silente tu mirada.

Sólo el oblicuo sentido de la vida

mantiene esta ilusión

de sentimientos contrapuestos.


6

Penetrar al éter no es llegar.

A cada instante debemos

encontrar la hermosa curva.

Son bellas tus siluetas,

imperceptibles a estéticas agotadas.

La idea griega de la perfección estaba yerta

cuando nacieron tus cadencias.


7

No abandones tus alas,

no importa que te ofrezcan el cielo en cada abrazo,

ni que sientas un ardiente temblor en cada orgasmo.

Toma tu pulso colocado en el orificio

donde se oxigena el amor.

A lo mejor ya debes trasladarte

a otra galaxia.


8

Ninguna de estas imágenes se parece a ti.

Son máscaras burlándose de mis mañanas,

vacío en que navega mi ser.

Pensativa parecías desaparecer en otro sueño

y dejas tu recuerdo colgando en una duda.

Permite que me quede con alguna de tus formas,

la más tenue quizás,

la que se desvanece con el solo intento de mirarla.


Biografía de Mateo Morrison


Mateo Morrison

Mateo Morrison (Santo Domingo, República Dominicana, 1946), poeta, abogado y ensayista, galardonado con el Premio Nacional de Literatura en 2010. En 1970 fundó el reconocido Taller Literario César Vallejo. También ha sido director del Departamento de Cultura de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, viceministro de Cultura del gobierno dominicano y director, durante dos décadas, del suplemento literario “Aquí”. Pertenece a la Generación de Posguerra.

Entre sus libros publicados destacan:

Aniversario del dolor, 1973; Visiones del amoroso ente, 1991; A propósito de imágenes, 1991; Nocturnidad del viento / Voz que se desplaza, 1996; Difícil equilibrio, 2005; Soliloquio desnudo y otros poemas, 2007; Espasmos en la noche, 2007; Un silencio que camina, 2007; Pasajero del aire, 2010; Ojo de madre, vientos de guerras, 2010; El abrazo de las sombras, 2014; La tempestad del silencio, 2014.