Poemas de José E. Santos

Del libro Poemas aleatorios


Incandescencias


Fuerte y sutil

como la luz incandescente,

como brazo de lumbre

que busca y que se extiende,

boca suave, lengua poderosa,

mirada serena, tacto desenfrenado

eres ante la espera,

eres ante la presencia,

ante este cuerpo que desea

y que se tuerce:

asoma la señal de tu lujuria

atrevida, irreverente,

obscena y primitiva materia entera.

Ahora, quiérola ahora

como castigo, como premio,

porque después

el consumo de esta incandescencia

se encargará de devolvernos al origen.


Tu voz


Tu voz es la voz de tus sentidos.

Se reparten las palabras entre sí

los rigores con que cada uno

determina consumar cada hecho.

No sé qué esperar,

pues cada uno quiere la mejor parte

sin saber que solamente el todo

se escapa por entre tus labios.

Tocan, tus palabras tocan,

huelen, gustan, persiguen

y se embeben en lo eternamente particular.

Oyen, tus palabras oyen

y ven, ven mucho más

de lo que los ojos definen

suenan entre los tonos de la oscuridad.

Escucharé como resuena el eco

lejano de los años,

y es posible que camine solo,

perdida mi vista en ninguna parte

al amparo de cada paso.

O tal vez no haga nada,

y esperaré tranquilo la llegada.

No, no esperaré

pues tu voz hará lo que quiera,

tus sentidos lo que dispongan.

Viviré entonces con los míos,

y formaré palabras entre palabras,

voces entre voces que escuches,

atenta entonces a consumir

cada uno de mis hechos.


Promesa de la observación


Sobre el halo de tus hombros observaré callado,

y seguirán mis ojos toda ruta que los lleve a tus senos.

Vivos y muy despiertos mis labios,

como quien ronda despacio en derredor

de un tesoro de sueños, ahíncan,

embisten presagiando el deleite,

el drama de tu color, y de tu forma

que se vuelve formas.

De lejos tu silueta enuncia su insaciable sed.

Nada es entonces paz,

todo se enmaraña en las violentas turbulencias

del poder que se golpea incesante contra el deseo.

Aquí estás.

No es mentira tu realidad

móvil y topográfica.

Tu nuca será mi madriguera,

tu espalda se abre al paso de la mano

y del beso,

tu sexo proclama su dominio termal,

y toda tu piel celebra la intensidad

de todo contacto que te define,

y que me señala

como aquél que atento te persigue con los ojos

esclavo de tu precisa topografía.


Confesión


Otras son las cosas del mundo,

pero tú,

más que las aguas del original reposo,

más que el primer color de los invisibles cielos

más que la primera hoja

que transformó los humores de toda tierra,

eres el principio por el que sé

y sabré la razón de los confines,

de los olores, de las humedades,

de todo movimiento y toda fuerza

que me harán lo que soy

y lo que jamás dejaré de ser.


Distancias


Sólo la distancia conocerá la distancia

porque tú y yo no la sabemos,

porque aquí todo es cercanía, ahora,

porque nada más hay: todo llega.

Y así, en este lugar nuestro

sólo las preguntas aspiran a otra dirección,

y nada las alimenta,

y nada les señala cosa alguna

porque sólo son por ser,

y porque entre tú y yo media

un todo que no es distancia,

que no es pregunta,

y que está lleno de todo

lo que en sí mismo lo define.

Porque tú y yo lo sabemos.

Porque tú y yo lo queremos.


Urgencia del beso


Nunca cierres tu boca

ante el reclamo húmedo

de la pasión que me alimenta.

Deja que te llene con ella,

de la misma manera

en que nuestras salivas

comienzan el intermitente deleite

de nuestros labios.


Llegada


Llegas.

Te veo, te miro.

Estos ojos ansían tu figura toda.

Sólo hay un hambre:

de ti,

de la manera en que aguardas

a que me consuma en tu cuerpo.

Manos y desenfreno:

sólo eso importa.


Previa ausencia


No te vayas lejos,

pues puede ser que algún fingimiento

me burle o me esconda.

Puede ser que me olvide

de mí mismo, me olvide de todo,

y me pierda entre papeles

que nada me recuerden,

que nada me motiven.

No te vayas lejos.

Luego no entenderé las palabras,

y sentiré esproncediano y absurdo

deseos de destruirlo todo:

El mundo, sus dilemas

y todas las preguntas vanas.

Mas también las maravillas,

y la luz en la ventana,

y la hoja aquella que cae sobre la hierba;

todas escritas por la cuña de tus ojos.

No te vayas lejos.

No quiero finalmente saber

que será la verdad tu ausencia absoluta

y no quiero convencerme

de que siempre alguna otra realidad

aguarda, porque el tiempo se obstina,

y carecer de tu nombre

y no poder escucharte

certifica que nunca ha habido

un esto, un hoy, un aquí.


Temor a la nada


No dejes que tu mano

se pierda en el vacío,

ni dejes que tus ojos

se abandonen a la nada.

Protégeme.

Me invade quizás un miedo,

me asalta el vuelo

de aguas derramadas

que se extienden

para evitar ser recogidas,

embebidas y tomadas.

No te alejes, no abandones

a la duda nuestras sensaciones

de imantada y colorida

naturaleza.

Soy quien sufro:

me falta y me deja

tu ansiada totalidad.

No te vayas.

No te pierdas.

Que no piensen tus ramas

en corroer esta corteza,

y que no dejen tus aguas

de fluir y sustentar.


Escritura del instante


Sobre tus labios
escribo con mis dedos
la ruta que ansía
mi boca
y que dialoga intensa
con los caminos
del arte y del pensamiento
sobre los adoquines
de la conciencia,
y con el horizonte
de emociones
que había olvidado.
Y ahora,
sin saber razón alguna,

espero que abras los ojos
para mirarme decidida
y recorrer atenta
el final
de todas las ansiedades.


Un decir


Yo digo que nunca termina

lo que deja un rastro indeleble

en todos los caminos. 

Y lo digo

por ese instante

en que tus ojos se encuentran con los míos. 

Cada vez el mismo dulzor. 

Cada vez el mismo conocimiento. 

Y el tiempo,

solo ha servido para dar más forma

a aquella titubeante comunión de deseos. 

Me miras y sabes que mientras me mires

puedes abandonarte a mis sentidos,

porque te son incondicionales,

ejecutores de una certeza centelleante

que dialoga con tus verdades. 

Me miras y yo siento

que se abre la puerta

de ese cúmulo de sueños

y arranques instintivos

que siempre has llevado en la sangre,

y que hoy,

y que cada momento futuro

de nuestro encuentro

florece en tus palabras más firmes,

y en el poder de tu cuerpo

que se sabe dueño de mi voluntad y devoción. 

Cristalinas aguas,

tibias, nos envuelven. 

Hojas tersas nos rodean en volandas

mientras el suelo nos celebra. 

Las sábanas conocen nuestros secretos

y sonríen al acariciarnos a ambos. 

Mi boca busca la tuya. 

El beso nunca termina.


Renacer


A ti, 

que has conocido el placer

de todos los riesgos;

A ti,

que has enfrentado el terror

de múltiples equivocaciones;

A ti,

que te has rehecho a la luz

de internas promesas cristalinas:

Hoy te confieso

que he cerrado mil veces

los ojos

en rauda búsqueda

de definiciones nuevas,

y te juro

que la única palabra

que surge de mi vocación

febril e intensa

es aquella que dibuja

tu rostro

y ata el propósito

de todas mis artes

a sentir

que quemas mi interior

y renuevas mi ser…


Copyright © 2019 José E. Santos


Biografía de José E. Santos

José E. Santos

José E. Santos se ha destacado como poeta, narrador y ensayista. Se desempeña como profesor de literatura española en el Recinto de Mayagüez de la Universidad de Puerto Rico. Es el autor de Archivo de oscuridades (narrativa), Después de la espera (poesía), Los Viajes de Blanco White (narrativa), Libro de Venecia (poesía), Los comentarios (narrativa), Trinitarias y otros relatosMuestra gélida de poesía inconsecuenteDiálogos en el museo y otros poemasDe Coyoacán a Polanco (narrativa), El fundamento de los instantes (ensayo) y Al margen, la glosa (ensayo crítico), entre otros.